Decía el martes Feijoo en su primera valoración pública de los resultados del domingo que Galicia es un sitio distinto. Queda por determinar qué hechos diferenciales observa el presidente de la Xunta en el alma del país, pero, en este tiempo crepuscular del que está emergiendo una nueva sociedad con toda la pinta de ser peor que la anterior, las diferencias más notables son las que separan a Galicia de sí misma, o sea, a la Galicia de la gente real de esa otra agarrotada y virtual, ensimismada y conformada sobre la que siguen braceando las formaciones políticas con el riesgo claro de sucumbir al ahogamiento.
Tiene una imagen irreal de la Galicia real el BNG, empeñado desde el año 1997 en culpabilizar a los medios, a los propios gallegos y ahora a Beiras de su sistemática pérdida de confianza. El domingo se situaron en una posición de emergencia, pero hasta las últimas elecciones generales, en las que la formación frentista convirtió en satisfactorios unos desilusionantes resultados que solo podrían contentar a un timorato, el Bloque persistió en ese desenfoque que le ha impedido interpretar las expresiones del rostro cambiante de los gallegos.
La Galicia real también es diferente de la que el PSOE ha imaginado en estos últimos años. La lamentable gestión interna de sus diferencias, la construcción de un liderazgo flácido y excluyente y la torpeza con la que se armó el discurso alternativo al del austericidio sobre los cimientos de los recortes a gogó que ellos mismos practicaron conformaron un PSdeG endeble incapaz de transmitir seriedad y alternativa en estos momentos graves.
En el PP el desenfoque lo verbalizó el presidente de la Xunta el mismo 21 de octubre. Por la mañana, ante su colegio electoral, insistió en el carácter gallego de los comicios, como si fuéramos a creérnoslo. Pero por la noche, con el cesto lleno de escaños, convirtió su victoria en una reválida a las políticas de Rajoy. Un truco grosero que los gallegos no merecíamos. El PP no debe utilizar la mayoría absoluta como un biombo de lo que está empezando a emerger en las ciudades. Solo esta dramática generalización de la miopía de las formaciones convencionales explica el tsunami Beiras, un proyecto lleno de incógnitas pero en el que muchos encontraron algo inusual en estos tiempos: empatía y emoción. Y es esta una exigencia nueva de los ciudadanos que ha venido para quedarse. Por eso, es cierto, señor Feijoo, Galicia is different.