Desmontando a Rubalcaba

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

23 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Algo hay de fraudulento en el hecho de que Rajoy se suba con descaro al carro victorioso de Feijoo después de que ambos mantuvieran las distancias durante la campaña electoral y repitieran por activa y por pasiva que en Galicia no se votaban las políticas del Gobierno central, sino las de la Xunta. Pero, a pesar de ese evidente tocomocho, resulta difícil no ver en el aplastante triunfo de Feijoo una muestra de que el fuerte descontento social con los durísimos recortes que está imponiendo el Gobierno no alcanza, por ahora, para que los votantes populares abandonen el barco y se queden en casa. Y, mucho menos, para que cambien de papeleta. Lo cual supone, para desgracia del contribuyente, que Rajoy interpreta que dispone todavía de margen para seguir apretándonos las clavijas. Si los ciudadanos, al menos los gallegos, querían dejarle claro que no están dispuestos a asumir más sacrificios, pocas oportunidades van a tener mejores que la del pasado domingo. Y no lo han hecho. Así que conviene ir abrigándose, porque este invierno hará mucho frío.

Siendo esa la lectura elemental que cabe extraer de estas elecciones, lo más preocupante es que el PSOE continúe desangrándose y perdiendo apoyos entre quienes más están sufriendo la crisis. Sus resultados, se miren por donde se miren, son catastróficos. Y, a pesar de ello, en este momento el mayor problema del PSOE no es que le vaya mal, sino que no sabe adónde va. Su desorientación es tal, que ahora son los socialistas los que echan mano de la herencia recibida (la de Zapatero) para justificar su derrota. El verdadero bipartidismo en España empieza a no ser ya PP-PSOE, sino el PP frente a un conglomerado nacionalista y de grupos minoritarios de izquierda. Los primeros síntomas tras el soponcio del domingo indican que Rubalcaba no va a tomar las drásticas medidas necesarias. Aunque también es cierto que no le conviene tomarlas todavía, porque aún le espera el último golpe en Cataluña que, además de por su contundencia, puede resultar fatal por recibirse estando ya grogui.

Sostiene el principio de Peter que las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, hasta que alcanzan su nivel de incompetencia. Y Rubalcaba es en sí mismo la demostración empírica de ese axioma. El político firme, respetado, seguro de sí mismo, audaz, elocuente, ganador nato y dialécticamente letal que fue siempre, se ha transmutado desde que accedió al liderazgo del PSOE en un personaje dubitativo, inseguro, carente de discurso, improvisador e incapaz de hacerse respetar en su propio partido. Desde aquel personaje al que Woody Allen hacía aparecer desenfocado en la genial Desmontando a Harry, no se conoce un caso igual. Es hora de que el PSOE admita que ha perdido el tiempo con Rubalcaba. Y que no le queda mucho para buscarle sustituto.