Nada de euforias

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

22 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Al despertar hoy podremos comprobar que el desastre de la crisis todavía sigue aquí. Aunque parezca una perogrullada, conviene recordarlo para evitar las euforias que suelen desbordarse tras una victoria en las urnas. No están los tiempos para sacar pecho, sino para aportar soluciones. Rajoy ha salvado los muebles en Galicia, en lo que se puede interpretar más como un respaldo a la gestión de Feijoo y un rechazo a un futuro Gobierno tripartito, con el recuerdo de las carencias del bipartito aún muy presentes, que como un aval sin condiciones a los recortes y reformas del Gobierno. Pasada la página del 21-O, la cruda realidad es que España encara dos crisis sin precedentes, la económica y la institucional. Esta última agravada por la victoria del PNV y la irrupción de EH Bildu y con la perspectiva de un previsible triunfo rotundo de Artur Mas en las elecciones catalanas dentro de un mes, que de llegar a la mayoría absoluta tendría importantes consecuencias políticas. Si bien esta crisis es muy preocupante, la económica es perentoria, dramática, asfixiante. Con el fantasma del rescate en el horizonte -que ahora algunos llaman virtual para tratar de restarle gravedad-, una recesión prolongada, un malestar social creciente, otra huelga general convocada, y a la espera de conocer el viernes el dato de paro de la EPA, que es el que cuenta y seguirá mostrando un ascenso hacia la cifra vergonzosa, intolerable e insoportable de 6 millones, la realidad es muy sombría. Rajoy respira en el plano político, ha superado el test gallego. Feijoo, que se apunta un espectacular éxito personal, lo ha rescatado. Pero el dinosaurio monterrosiano continúa más amenazante que nunca, a nuestro lado.