Dos grandes retos

Xosé Carlos Arias
Xosé Carlos Arias VALOR Y PRECIO

OPINIÓN

22 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Mérito tiene, desde luego, Núñez Feijoo por haber conseguido reforzar su mayoría en estas circunstancias. De hecho, es uno de los pocos gobernantes europeos que han conseguido un proeza de ese tipo, cuando en su mandato el desempleo pasó del 12 % a más del 21. El resultado de estas elecciones, además, proporciona al Gobierno de Mariano Rajoy el único dato positivo en los últimos meses, y le proporciona algo de impulso para afrontar los difíciles meses que se avecinan. Parece claro, en todo caso, que Feijoo ha librado al presidente del Gobierno, por segunda vez, de los cascos de los caballos.

Superada la prueba, el Gobierno gallego ha de enfrentarse a una diversidad de retos, entre los que hay dos que pueden calificarse sin exageración como históricos. El primero tiene que ver con la situación de crisis económica, para la cual la capacidad de resolución efectiva de los problemas por parte de un Gobierno autonómico es muy limitada (en ese sentido, las elecciones verdaderamente importantes serán las alemanas del año que viene, lo que resulta muy revelador del mundo en que vivimos). Pero es verdad que ahora habrá que lidiar con problemas que el contexto electoral llevó a disimular, con el fin de dar veracidad a un argumento que tal vez haya sido decisivo sobre el resultado: que, no estando bien, a Galicia le va mucho mejor que al resto de las comunidades autónomas. Algo que no es exactamente cierto, como en los próximos meses iremos viendo. Las decisiones más temidas podrían estar a la espera. Y la recesión, que se intensifica, exige acertar.

El segundo asunto crucial se refiere a la espiral de conflictos territoriales -y la posible recomposición institucional- que en los próximos años marcarán la agenda española, un vez planteada descarnadamente la opción secesionista en Cataluña, sin duda reforzada por la resultado de las elecciones vascas. En los debates que vienen, Galicia debe tener una voz propia y poderosa, siendo su situación de partida singular: tiene mucho que perder si se asienta una opción centralizadora que elimine hechos diferenciales, pero también si se reduce la solidaridad interterritorial, que tanto ha aportado a nuestra renta. Vienen años cruciales, de esos que de verdad exigen a los Gobiernos estar a la altura.