También la reflexión depende de la crisis

OPINIÓN

20 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Esta vez es verdad que los grandes problemas que tiene Galicia se generaron más allá de la Canda, y que es allá muy lejos, entre Berlín y Madrid, donde han de resolverse. Y por eso resulta misión imposible cualquier intento de retener nuestra reflexión en el marco embarullado de las competencias autonómicas. Nuestro horizonte inmediato depende mucho más de Rajoy que de Feijoo, y todas las elucubraciones que hemos hecho sobre la solvencia y los ajustes, o sobre el blindaje alternativo de servicios, dependen de decisiones sobre recapitalizaciones y rescates que, siendo inminentes, como dice todo el mundo, funcionan como novillos de estambre con los que juegan a placer el gatito Rajoy y la gatita Merkel.

Incluso los más utópicos -sindicalistas, indignados, hollandistas y soberanistas- tienen en este momento un dilema irresoluble, ya que, siendo evidente que la crisis se viene gestando desde hace doce años, y que por ella pasaron -con nula visión de futuro y gravísimos errores- los populares de Aznar y Rajoy y los socialistas de Zapatero y Rubalcaba, cualquiera de las opciones que podemos elegir -mayoría absoluta de Feijoo o coalición de izquierdas- es una huida hacia el abismo, y no solo porque los dos partidos sean responsables del desastre, sino porque en su plomizo y rastrero debate sobre los tiquismiquis autonómicos y sobre la casuística de una Administración emparedada por la crisis, los dos han venido a demostrar que carecen de ideas y de generosidad para gestionar una salida que se intuye compleja y dramática en grado superlativo.

En estas circunstancias creo que, si solo reflexionamos sobre los programas tópicos y muy manidos que nos han ofrecido, estamos abocados a emitir un voto sin ilusión ni esperanza, con el que solo podremos elegir al encargado de entretenernos y marear la perdiz mientras se resuelve el pulso de poder e ideas que están echando en Bruselas. Y ese es el motivo por el que, estando abocados a una legislatura ya determinada por el ajuste, cuya gestión va a estar encomendada a cualquiera de los dos responsables de la desfeita, en lo único que podemos avanzar es en la recuperación de la política como instrumento de acción social y de gestión, en la dignificación de la clase política, en la reintroducción del debate sobre los valores y los principios del sistema, en la reflexión sobre los marcos históricos generados por la transición y sus posibles cambios, y en el rechazo a la idea de que la política, donde se juega lo que más nos interesa, tiene que estar encomendada a gente incapaz de elevar su discurso y sus metas por encima de las tormentas.

Por eso le invito a pensar a lo grande sobre este país y su política. Porque lo otro, el debate entre hollandistas y merkelistas hecho por boca de ganso, no es más que un ejercicio de pura melancolía.