La trampa

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

La red de la mafia china que empezó a desarticularse esta semana defraudó a Hacienda en los últimos diez años al menos 35.000 millones de euros. Más de medio billón de pesetas al año. Esas son las primeras estimaciones de la policía, que quizás no ha hecho más que empezar a tirar del hilo. España, que no hace mucho aspiraba a colarse en la élite de los ocho países más ricos del planeta, tiene sin embargo un puesto en el top-ten de las economías con mayor fraude fiscal. Unos 70.000 millones de euros al año, o lo que es lo mismo, entre el 20 y el 25 % de la riqueza que produce el país. O sea que la culpa no es toda de la trama oriental. No todo el dinero negro se ha vuelto amarillo.

Son cifras que espantan. Sobre todo cuando llevamos ya cuatro años de crisis y recortes que no parecen tener fin. Y cuando, dicen, estamos con un pie metido en un rescate que inevitablemente exigirá nuevos y mayores sacrificios a una población exhausta. Los que hacen esas cuentas aseguran que sin fraude al fisco no haría falta pedir el salvavidas. Seguro que es de ilusos aspirar al fraude cero, pero ¿cómo es posible que se escaqueen 35.000 millones durante diez años sin que salte ninguna alarma?

Así es difícil que la población se crea las cansinas promesas de la enésima campaña contra las trampas. No es posible que alguien encaje que, como nos prestaron 100.000 millones para sanear la banca, haya que subir un IVA que para algunos es una coladera. Y no es posible enderezar el rumbo si seguimos riéndole las gracias a quienes nos roban la cartera. Porque, recordémoslo, por muy mal que administren nuestro dinero, sigue siendo nuestro. Ahí está la trampa.