Candidatos

Pablo Mosquera
Pablo Mosquera EN ROMÁN PALADINO

OPINIÓN

15 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Elemental que haya debates en los medios audiovisuales de máximo impacto en los hogares. La democracia debe ser mucho más que votar cada cuatro años. Es participación e información directa, sin publicidad partidaria. Es poder elegir entre modelos, alternativas, soluciones, prioridades en la utilización de los recursos, sobre todo en tiempos de grave escasez.

Con listas cerradas, los partidos políticos imponen sus candidatos. Se votan siglas, se olvidan los nombres de los elegidos, que son cuasi funcionarios de la partitocracia. No se tiene en cuenta su preparación y méritos profesionales, y así algunos llegan a poner que son concejales, diputados o vicepresidentes de una institución pública, antes que su profesión, ya que van a la política a vivir de ella. Motivo por el cual hay más interés en ser útil a la fontanería del partido que a la circunscripción que los elige.

Pero queda el resquicio de los debates en televisión. Ahí, en el cara a cara, podemos valorar actitudes y aptitudes. Podría ser mejor si el moderador, cada vez que dicen algo que hicieron o se comprometen a hacer, les sacara documentos objetivos de verdad o mentira.

Se acuñan frases. «Soy la voz de los que sufren». ¡Qué fuerte! ¿De verdad un candidato puede ser la voz de 600.000 gallegos en el umbral de la pobreza, o de los casi 260.000 parados? ¿Y de los 60.000 jóvenes que se han ido de la tierra en busca de alternativas en mundos extraños?

Nadie quiere reconocer la globalización y la deslocalización de la economía. ¡Ten que ser! Nadie es capaz de ofrecer el cambio de un mundo injusto, insolidario, que malversa los derechos y conquistas de los trabajadores y ciudadanos.

Me impacta que alguien diga: «Hay que decir la verdad y gestionar la realidad». No me fío de lo primero, por los ejemplos al uso. Me duele que haya que pasar por el aro de la realidad, por estar reñida con la dignidad, y por ser fruto de la pérdida de soberanía ante los prestamistas. Un presidente para Galicia debe pensar en gallego y potenciar lo mejor que tenemos, en paisaje y paisanaje.

Ciudadanía y libertad no son posibles sin trabajo, cultura, derecho a la salud, dignidad e independencia económica. Austeridad sí, pero sin caer en indignidad por pobreza. Remover sentimientos para enfrentarse a las facturas.