Echo de menos el cuarto debate

OPINIÓN

11 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Después de 19 años, y haciéndose eco del dicho popular «si quieres caldo, tres tazas», TVG nos ha ofrecido tres debates que, a pesar de estar bien concebidos y dirigidos, apenas sirvieron para aclarar nada de lo que está en cuestión. Y no sirvieron, a mi juicio, porque eran predecibles, porque no invitaron a «todos los que son», y porque, después de veinte años de Parlamento tricolor, más visto que Luar, no se entiende que dejen fuera al único que podría ofrecer -en un cuarto debate- algo de ilusión y novedad.

El primer encuentro, entre Feijoo y Vázquez, tuvo dos defectos garrafales, ya que, además de volar demasiado bajo y no tratar ningún tema en profundidad, se redujo al consabido «tu más» que vienen protagonizando, desde hace años y en todas partes, el PP y el PSOE. Dentro de un marco argumental simplista, y aceptado el formato pugilístico por el que optaron, ganó Feijoo. Pero el balance final, para el que buscaba una pizca de grandeza y reflexión, fue demoledor.

La segunda sesión, entre Vázquez y Jorquera, fue, en palabras de un nacionalista, un «combate de luva branca», en el que solo se trataba de escenificar las remotas posibilidades que aún quedan de un Gobierno bipartito apoyado por tres fuerzas políticas que integran cuatro partidos. Y por eso dejaron pasar sin inmutarse algunas propuestas tan gruesas e inoportunas como la banca pública que propone el BNG o las muchas medidas milagrosas que el PSOE tiene en la cartera y que hasta ahora no supo aplicar.

Y el tercero -Feijoo contra Jorquera- solo tuvo dureza aparente, porque los electorados del BNG y el PP no son fronterizos, y porque los dos estarían encantados si el gran pagano de esta contienda adelantada fuese un Pachi Vázquez forzado a dimitir -siguiendo la tradición socialista- la noche electoral. Así que, hasta aquí, nihil novum sub sole.

Lo nuevo, lo que hace imprevisible la estructura del nuevo Parlamento, y lo que puede introducir argumentos renovados e inteligentes en un debate ya agotado sobre la crisis y sus dos infaustos protagonistas -Zapatero y Rajoy-, es Xosé M. Beiras, que, hablando en términos mediáticos, y rompiendo con la injusta esclerosis que impone la ley electoral, debiera protagonizar un debate histórico con Feijoo. Claro que, al decir esto, soy plenamente consciente de que Beiras no es del todo nuevo, y de que, como él mismo dijo, ya está «vellote» para protagonizar el futuro a largo plazo en el que hay que pensar. Pero el hecho de volver en circunstancia tan nueva, tocando los fundamentos de los tres de siempre, y proponiéndose como una respuesta a la indignación estupefacta, lo convierte en un candidato ilusionante, el único que puede reintroducir en el Parlamento que Feijoo quiere eivar y devaluar, un discurso fresco e inteligente. Quizá por eso no lo quieren enseñar.