Hay campañas que se repiten para bien. La campaña contra el hambre. La campaña para luchar contra el sida. Y hay otras campañas que se repiten y que repiten, como las políticas. Escuchas las proclamas de unos y otros y te pierdes en un tráfico espeso que va de las descalificaciones a las promesas. Todo parece reescrito. Los temas se repiten. Y encima está la tormenta de arena de la crisis que aparece una y otra vez y lo cubre y entierra todo, hasta cualquier mínimo argumento que aspire a colarse en el debate. También las señales más mínimas de esperanza. En Galicia hay más aspirantes que nunca, pero todo sigue siendo igual o parecido. Parece que crecen los que ocultan su voto, como quien juega al póker, y los que todavía ni siquiera saben si irán o no. Es la desafección. Es el cansancio. Hay un verbo que no está reconocido por la RAE que se usa en la televisión. Es guionizar. Los shows en la pecera de la tele no son espontáneos. Todo suele estar guionizado. O sea, escrito y reescrito previamente para atraer espectadores. Con las campañas cada vez sucede más lo mismo. Todo parece guionizado. Hasta las sorpresas están cantadas y huelen a preparadas. Los grandes temas son exactamente los mismos de campañas anteriores. Y así qué esperan.