Cuando más de dos mil familias de trabajadores dependen directamente de las fábricas de Alcoa en A Mariña lucense y en A Coruña, sería imperdonable que se utilizara o, por qué no decirlo, que se jugara con el futuro de toda esta gente por simple rédito político en tiempo de elecciones. De verdad, créanme, no lo pensamos.
La reciente visita del ministro de Industria este martes a Galicia y en concreto al complejo industrial de Alcoa en San Cibrao era obligada, incluso forzada no tanto por los tiempos políticos como de empresa. Primero, urgía ratificar y hasta escenificar el compromiso firme del Gobierno garantizando una solución para Alcoa ante los clientes internacionales de la multinacional que ahora deben renovar sus contratos (coincidiendo además con la reunión del consejo de administración de Alcoa en EE.?UU.). El encuentro entre Mariano Rajoy y el presidente de Alcoa la pasada semana en Nueva York y ahora la visita de José Manuel Soria a Galicia pudieron ser claves, lo fueron al menos para marcar nuevas pautas y ganar tiempo. Segundo, cumplía un mensaje de tranquilidad también a los trabajadores.
El Gobierno ha anunciado ya que mantendrá los 550 millones de euros que viene aportando para la llamada tarifa de ininterrumpibilidad, pero eso no es suficiente. A día de hoy, 5 de octubre, Alcoa aún no sabe cuánto va a pagar por la tarifa eléctrica el próximo año con las nuevas tasas; obviamente esa incertidumbre incide en sus operaciones de negocio. Es necesario y urgente por tanto componer un marco energético favorable, duradero, al menos para los próximos ocho años, plazo mínimo que exige Alcoa para lograr cierta estabilidad. En esa negociación están ahora a tres bandas el Gobierno, las eléctricas y las principales industrias consumidoras de energía; el problema es el tiempo y cómo lograr la rebaja de la tarifa. (En la negociación se podría prescindir incluso, llegado el caso, de las eléctricas; estamos hablando de dos o tres semanas).
Que el ministro de Industria garantice al menos para el 2013, de momento, el mismo precio que se viene pagando ahora por la energía no tranquiliza en absoluto porque con esa tarifa Alcoa aplicó los ERE en las plantas de A Coruña y Avilés. (Le resulta difícil competir en el mercado del aluminio pagando aquí 20 euros más por kilovatio que en Alemania, por ejemplo, a lo que hay que sumar la caída de precios; hemos comentado ya que el coste energético supone a la multinacional más del 40 % del gasto de explotación en el complejo de San Cibrao, en la costa de Lugo, y lo ven simplemente insostenible).
De ahí que, a pesar de la visita del ministro Soria, persistan las dudas, la consiguiente intranquilidad, en los trabajadores y en sus familias. También cierta decepción. Llevan semanas, meses, impacientes esperando una solución definitiva y ven cómo se está prolongando demasiado hacia final de año. Nadie se puede quitar de la cabeza aquí el proceso de cierre iniciado ya por Alcoa en la fábrica de Portovesme, en Italia.