La cifra de paro es insoportable e inaceptable, y consecuencia fundamentalmente de que el Gobierno no ha sabido gestionar la economía. Así se pronunciaba Rajoy unos días antes de las elecciones del 20-N, al valorar el aumento del desempleo al final del mandato de Zapatero. Y era insoportable e inaceptable. Supongo que seguirá considerando así que la tasa de paro haya subido al 24,63 %, 5.693.100 personas. Es más dudoso que ahora atribuya esa cifra récord a su propia política; más bien será culpa de factores externos, la coyuntura y la herencia recibida. Pero lo más estremecedor es que, según las propias previsiones del Gobierno, en el 2013 se seguirá destruyendo empleo y la desocupación se mantendrá en los niveles actuales. Y eso, contando con que la economía solo retroceda un 0,5 %, menos de la mitad de lo que pronostican organismos internacionales. Es decir, que dos años después de su acceso al poder el paro continuará siendo insoportable e inaceptable, pese a la reforma laboral que estaba destinada a crear empleo. Ante esta situación de verdadera emergencia nacional, la respuesta ha sido recortar las prestaciones hasta el punto de rebajar la partida un 6,3 % en los Presupuestos. ¿Qué va a ser de todos esos cientos de miles de españoles que quedan desprotegidos, a la intemperie, sin futuro ni esperanza, y con muy escasas perspectivas de encontrar trabajo en una economía en recesión que no funciona? Aceptar como una especie de maldición bíblica que el año que viene estaremos igual es una muestra de impotencia e incapacidad para cambiar las cosas insoportable e inaceptable.