La naturaleza no tiene límites. Tampoco entiende de crisis ni de prima de riesgo. Una tormenta de las de verdad, de las que hacen época, deshace los números de la tormenta perfecta de la economía. Ayer la lluvia castigó varias provincias del sur, mientras en el norte lucía un sol de postal. España, otra vez, al revés. Málaga, Murcia, Almería, Valencia... La cortina de agua desbordó ríos y se cobró vidas. Más de 170 litros por metro cuadrado que se llevaron a dos niños en Puerto Lumbreras. Hay miles de evacuados. Los cauces sin control arrasaron con la fuerza de cascadas con todo lo que se encontraron. Coches arrastrados y estampados contra edificios. Furgonetas destrozadas. Una riada que partió hasta el puente de una autovía, la A-7. Bajos inundados, gimnasios convertidos en piscinas de lodo. Barro por todas partes. Lorca, de nuevo. Rescates en zodiac. Imágenes tremendas que parecen sacadas de una película de catástrofes, pero que son tan ciertas que asusta lo incontrolable que es la naturaleza. ¿Qué son hoy las necesidades de capital de la banca española para quien ha perdido a su hijo? Lo pequeños que somos ante un golpe de lluvia, de destino. Apenas, el segundo que pisamos, miniaturas.