Con Mas, como con Ibarretxe: absoluta claridad


Exceptuada la irresponsable actuación de Ibarretxe con motivo del plan homónimo para la secesión del País Vasco que impulsó entre los años 2001 y 2005, es imposible encontrar en todo el período democrático una actuación política más insensata y egoísta que la de Artur Mas tras la celebración de la última Diada.

Egoísta porque la finalidad primordial que Mas persigue con su traca de desafíos al Estado y a la Constitución no es otra, a la postre, que volver a ganar las elecciones. Pero egoísta, sobre todo, por fatalmente insensata, como consecuencia de la descomunal desproporción existente entre el interés de un hombre -y un partido- de seguir en el poder y el terrible conflicto, sin salida, al que conduciría a su comunidad y a España entera si pusiese en práctica su plan descabellado para la creación de un Estado catalán independiente.

De la envergadura del reto que Mas le ha planteado a este país y a las leyes que rigen la convivencia entre todos los españoles da idea su disparatada promesa de que convocará una consulta de autodeterminación en todo caso: es decir, de acuerdo con la ley, si el Gobierno -violando flagrantemente la Constitución- la autorizara; o contra la ley, en el caso (seguro) de que tal autorización no llegase a producirse.

Sí, ya sé que esas palabras, pronunciadas por un político de orden, resultan tan increíbles que la posición más tentadora es la de no conferirles importancia, dando por supuesto que nadie en sus cabales se atreverá a estas alturas a hacer lo que, en 1934, y con trágicas consecuencias, hizo ya otro presidente de la Generalitat.

Sin embargo, nada podría contribuir más a que la bola de nieve que, con una bomba de relojería en su interior, ha echado a rodar el nacionalismo catalán se lleve la convivencia democrática y la unidad de España por delante, que hacer caso omiso de una amenaza, pues de eso se trata en realidad, formulada en términos tan perentorios como claros.

Por ello, el Gobierno, puesto de acuerdo previamente al menos con el Partido Socialista -que ha de estar ahora tan a la altura de las circunstancias como lo estuvo frente al desafío de Ibarretxe-, debe responder al reto de Artur Mas con la misma rotundidad y nitidez con que este se ha atrevido a plantearlo.

Ya no caben medias tintas, pues de no actuar de inmediato, pinchando el globo que CiU, Esquerra y sus diversos aliados hinchan cada día, puede que cuando se quiera poner pie en pared a sus pretensiones sea ya tarde de más. Rajoy y Rubalcaba, Rubalcaba y Rajoy deben dejar claro desde hoy mismo que nadie convocará en España un referendo ilegal y que si alguien se empeñase en ese desatino se aplicarán, sin titubeos, las previsiones que para el caso establece con toda claridad nuestra ley fundamental. Por el momento es innecesario decir más, pero no cabe decir menos.

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