Un país que quiere salir del pozo de la crisis no puede dar la imagen del pueblo llano arremolinándose alrededor del Parlamento. Rodear el Congreso no es una simple manifestación más, tiene algo de amenazante que nos retrotrae a escenas propias de Ucrania o de Grecia. Los agoreros aseguran que acabaremos como el país heleno, pero todavía no estamos así. Aún estamos a tiempo. La gente tiene derecho a estar enfadada, pero deberíamos mirarnos más el ombligo y reflexionar cuál ha sido nuestro papel en la cultura del pelotazo y del despilfarro. Quién ha alimentado a esa clase política y financiera que ha puesto a España contra las cuerdas. Todo el mundo puede expresar su opinión en la calle, pero el mejor sitio para hacerlo es en las urnas, cada cuatro años.