Novalis Novalis decía que tras el derrumbe del paraíso, fruto de la imprudencia, el jardín del edén se repartió en fragmentos por toda la tierra: disperso. La belleza y la armonía la encontramos aquí o allá, pero son solo partes, desconcertadas e inconexas, que en nada se parecen al paraíso. Si meditan ustedes la metáfora, muy lejana de la realidad política, esbozarán el dilema de los gallegos ante las elecciones. No se trata de elegir a uno u otro, es más sencillo: en Galicia elegiremos a uno o bien a muchos, que pueden ser tres, cuatro, tal vez cinco. Si Feijoo no obtiene mayoría absoluta, no dudemos que el resto de partidos se coaligarán para derrumbar su Gobierno. ¿Y eso es bueno o es malo? Es pésimo, pienso yo. Y lo pienso porque aquí hemos sufrido cuatro años de administración bipartita que resultó aciaga en todos los ámbitos. Hubiéramos podido ahorrar y prepararnos para los malos tiempos -porque vivimos un ciclo económico al alza- pero nos dedicamos a dilapidar la res publica. Entre ellos no se entendían. Por la mañana intentaban gobernar y por la tarde discutían. Unos aprobaban un plan eólico y los otros se levantaban de la mesa de evaluación del mismo. Unos dirigían la radio pública y otros la televisión, incluso hubo un alto cargo que dio orden de que el vicepresidente no saliese más en una televisión que consideraban manipulada a favor del PSOE y no del BNG. Eran dos, imaginen ustedes que sean más que dos: única fórmula para que lleguen a gobernar. Los que son incapaces de ponerse de acuerdo en sus casas tendrían que hacerlo para gobernarnos a todos. ¿Lo creen posible? Yo, no.
El BNG se partió en tres trozos, porque no se entendían. Uno, Beiras (nacionalista), se alió con los comunistas (internacionalistas). Otro se fue porque no se resignaba a ser factótum, recadero, de la UPG. ¿Y en el PSOE? Qué les voy a contar que no haya repetido mil veces: o se refundan o están condenados a sobrevivir como un reino de taifas roto y en declive. Del otro lado, Núñez Feijoo: con un partido cohesionado y, sin duda, indiscutido e indiscutible entre sus barones.
No vivimos en el jardín del edén, es verdad. Pero Novalis no estaba equivocado: los trozos no producen armonía. Si la fragmentación se instalase en la Xunta, cosa improbable, gobernará el desconcierto. Galicia merece otro destino.