Recortes y disimulo

Xosé Carlos Arias
Xosé Carlos Arias VALOR Y PRECIO

OPINIÓN

22 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Un notable coro de distinguidas voces -la del comisario Almunia y el antiguo miembro del consejo del BCE, González Páramo, entre ellas- lo repite con fuerza en los últimos días: si el Gobierno español va a pedir el rescate, no debiera demorarse, pues en cualquier otro momento tendrá costes mayores. ¿Tienen razón? La tienen, sin duda. Otra cosa es el fondo del asunto: a estas alturas parece claro que las condiciones exigidas van a ser duras para la sociedad española. Dado que la economía española camina ahora mismo por un camino francamente depresivo, de tales recetas es difícil esperar otra cosa que un deterioro aún mayor. En particular, de la más que probable hibernación de las pensiones, si se hiciera con carácter general, cabe temer no solo sus consecuencias distributivas, sino también el efecto contractivo sobre el consumo.

Pero es verdad que si se va a hacer, no habrá momento mejor que este, pues los mercados de capital están relativamente adormecidos por la actitud más activa que ha mostrado el BCE en el último mes; una actitud que, no se olvide, pude cambiar en cualquier momento. Pero Mariano Rajoy parece no inmutarse, y en este como en otros asuntos, opta por el disimulo. ¿Espera quizá que se olviden de nosotros? Rajoy no ha sido nunca un político ingenuo, y no puede estar tan desinformado. Más parece que detrás de su actitud debe haber puro cálculo en torno a las próximas elecciones, tan importantes para él, con el voto de los pensionistas en el centro de todas las cuentas.

Si eso fuera realmente así, y pronto lo sabremos, estaríamos ante la peor de las opciones. Y es que una eventual petición de rescate y el anuncio de una nueva tanda de recortes, digamos, el próximo día de Difuntos, tendría implicaciones nefastas en dos planos muy distintos, el interno y el de la confianza internacional en nuestra economía. En lo que se refiere a lo primero, un comportamiento oportunista de esas características tal vez le permitiera ganar las elecciones, pero a costa de aumentar gravemente las cotas de malestar y conflicto social. El no tener elecciones importantes en dos años y medio (salvo las catalanas, que irán de otra cosa, y las europeas, de trascendencia menor) pudiera parecerle al Gobierno una ventaja, pero para el conjunto de la sociedad puede ser un gran problema: sin la válvula de escape del voto de castigo, la desmoralización social pudiera tomar otras formas más desagradables.