Cataluña, el camino imparable

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

21 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

La pregunta es: ¿sabía el señor Mas, presidente de Cataluña, la respuesta que le podía dar Rajoy? Lo sabía, porque Rajoy lo había anunciado el día anterior en la sesión de control del Congreso: no acepta el pacto fiscal y se refugia en las leyes y la Constitución, que ha jurado cumplir y hacer cumplir. Entonces, si lo sabía, y conocía también la oposición del Partido Socialista, ¿por qué presentó la propuesta? La explicación que me dan es la siguiente: porque es un mandato del Parlamento de Cataluña que la Administración central del Estado tiene que examinar y, según los nacionalistas, aceptar. Es el mandato de la representación política del pueblo de Cataluña.

Con esta argumentación sobre la mesa, la reunión de ayer no solo no resolvió el conflicto abierto, sino que creó alguno nuevo. No me extrañaría nada escuchar o leer en los próximos días que se plantea un conflicto institucional, porque el jefe del Gobierno español no acepta un acuerdo parlamentario. Cosas peores hemos visto en los últimos días. La tristeza que confesó el señor Mas al salir de la reunión va a tener así una traducción política de nuevas tensiones y un fortalecimiento del independentismo beligerante. Ya sé que no es racional. Pero estamos ante un tsunami que enciende pasiones, resucita agravios y levanta muros de distancia e incomprensión.

La aspiración catalana ha sido muy bien definida por el señor Mas: «Lo de Cataluña» ya no se arregla con financiación; el pacto fiscal (es decir, el concierto económico con cupo) es lo único que cubre sus aspiraciones como país, como sociedad y como pueblo. Ahí queda el desafío. Y, como no tiene encaje en la Constitución, hay que buscar otras vías. La hoja de ruta se empieza a perfilar: dentro de algunos días, pasado el debate parlamentario del martes, se convocarán elecciones anticipadas y que decida el pueblo. La apasionante novedad del nuevo escenario es que los ciudadanos decidirán con su voto si empujan el pacto fiscal, y quizá la creación de un Estado catalán, o respaldan la Constitución y, con ella, la permanencia en España.

Y miren ustedes: esto nos podrá irritar más o menos. Podemos levantar la voz contra las presiones o las amenazas o los menosprecios de las leyes. Podemos decir que Cataluña está a punto de cometer un error histórico. Es igual. Está en marcha un proceso, por cierto muy bien estructurado en su discurso, y no hay indicios de que se pueda frenar ni cambiar su orientación. Cada paso que se da es un paso en la dirección de poner distancia. Artur Mas se fue de Madrid entristecido, y lo creo. Cuando haya llegado a Barcelona, alguien lo empujará hacia su hoja de ruta. No quiero escribir esto, pero no puedo ignorar la realidad.