Desconexión total


Cualquier situación mala es susceptible de empeorar. Y está empeorando. Un presidente del Gobierno que comparece en el programa informativo de la televisión pública de máxima audiencia para no decir nada o mostrar su desconexión con la realidad; unas comunidades autónomas que van por libre o amenazan con salirse del marco legal.

Las tres primeras preguntas que se le hacen a Rajoy son del máximo interés para el país, no ya de los políticos, de los ciudadanos, trabajadores, emprendedores, pensionistas, parados, estudiantes y amas de casa. ¿Qué hay del rescate y dónde pone la línea roja este Gobierno ante los prestamistas? «España lo acepta y lo pide». «Mostramos prudencia y fortaleza». Como decía aquel: «Señor, si algo me gusta de ti, es lo bien que te explicas». La única línea roja que ve es la de cumplir el compromiso del déficit público. Pero no explica algo tan simple como que el déficit es la diferencia negativa entre ingresos y gastos. Los segundos se recortan hasta límites que ahogan, mientras que los primeros, con el modelo económico que padecemos -y este Gobierno es incapaz de cambiar de rumbo-, son cada día más exiguos. Estamos en economía de recesión, lo que en ningún momento dijo alto y claro el veraneante de Sanxenxo.

Como san Pedro, negó hasta tres veces que hubiera intención de tocar las pensiones. Lo que no dijo es la fórmula para evitar el déficit entre dinero cotizado y dinero pagado a los pensionistas. Sobre todo, si el paro es próximo a los seis millones de ciudadanos, que no cotizan y precisan de coberturas sociales para no caer en las más absoluta y humillante de las indigencias.

Según la entrevista, la reforma laboral dará sus resultados. ¿Cuáles? Hasta ahora no creó empleo, no evitó despidos más baratos, y no cambió el rumbo de la precariedad laboral.

En esas, llegó la Diada en Cataluña. El honorable no sale a la calle, pero promueve una manifestación independentista, aunque «lo que no son pesetas, son puñetas». Lo primero es el dinero. Para poder pagar las nóminas y facturas en una comunidad desconectada de la economía real, a base de emitir deuda que no debían haberles consentido. Descubren, tarde y mal, los beneficios del concierto económico de los vascos.

Euskadi se aproxima a otra vuelta a un Gobierno soberanista; esta vez, azuzado por Cataluña.

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