Poco duró la propuesta de Feijoo de reducir el número de integrantes del Parlamento gallego. El adelanto electoral se la llevó por delante, aunque había tenido un eco favorable entre los ciudadanos, según pone de manifiesto la encuesta publicada ayer por La Voz.
Una opinión que deberían tener muy en cuenta tanto quien hizo y retiró la propuesta como quienes la atacaron desde el primer momento.
Al ciudadano de a pie se le hace cuesta arriba aceptar que tengamos que apañárnoslas con menos médicos o menos maestros -solo se cubre parte de las bajas por jubilación-, y sea imposible reducir el número de legisladores.
El argumento de que favorecería a unos grupos y perjudicaría a otros es válido, pero debería tener solución con las modificaciones oportunas para garantizar la igualdad de oportunidades. Y la contrapropuesta de conseguir el mismo ahorro disminuyendo los ingresos de los parlamentarios en lugar de reducir su número puede encontrarse con la respuesta evidente de que se hagan las dos cosas, que también los médicos o los maestros tienen que hacer más trabajo por menos dinero.
Lo esencial es combatir la imagen cada día más extendida de los políticos como grupo privilegiado que no se aplica a sí mismo los recortes que decide para otros, disfraza ingresos para que parezca que cobran menos de lo que realmente ingresan e incluso se autoasignan exenciones tributarias.
La salida de la crisis es claramente política. Si los ciudadanos pierden la confianza en quienes tienen que diseñarla y ejecutarla, el resultado puede ser aterrador.