L a fecha de las elecciones gallegas pende de un hilo del que tiran muchas manos. O no, que diría Mariano Rajoy. Porque Feijoo tiene que tratar el tema con el presidente del Gobierno central. Hoy estará en Madrid. Es una curiosa coincidencia que precisamente se reúna ahora con el ministro Arias Cañete para hablar sobre la crisis del sector agrario y «otros asuntos de interés general». Quizás los dos presidentes aprovechen la ocasión para conversar cara a cara y fijar la cita con las urnas en el calendario tras intercambiar el cúmulo de intereses mutuos y de sopesar los ajenos. O no. Puede que el hilo del que penden los comicios autonómicos sea telefónico y ese debate se produzca a larga distancia, en el territorio neutral de la llamada, en el que siempre se evitan los gestos torcidos. O no. Es probable que Feijoo tenga clara la mejor opción para mantener su cosecha electoral y que su plan no coincida plenamente con la agenda que más le conviene a Rajoy para evitar un desgaste añadido a la trituradora política de la crisis económica. O no. Pero si el inquilino de la Moncloa se muestra tan indeciso como en otras ocasiones no habrá tiempo para el adelanto. O sí, pero no para el 21 de octubre.