Leo en este periódico una entrevista al ministro Arias Cañete, en la cual descarta un revés electoral del PP en Galicia, y al momento recuerdo el día en que Feijoo ganó las últimas elecciones autonómicas, y el comentario generalizado de que teníamos populares para un mínimo de 12 años. Los gallegos quedaron escaldados de un ingobernable bipartito, y depositaron su confianza en un hombre de intachable pasado, paradigma de líder político tan moderno y progresista como el que más. Pero llegó la crisis, y la oposición pretende hacer responsable a Feijoo hasta de la muerte de Viriato, a pesar de que según todos los indicadores es el presidente autonómico mejor valorado. ¿Es que realmente alguien piensa que una hipotética alianza entre socialistas y nacionalistas iba a gestionar mejor Galicia? Primero que nunca sería un bipartito, pues a los precitados no les cuadrarían las cuentas para poder gobernar. Tendríamos que empezar a pensar en tripartitos o cuatripartitos, y eso jamás es susceptible de salir adelante. Y segundo, que la recesión seguirá ahí una buena temporada, obligando a quienes ocupen poltrona a tomar decisiones que a pocos gustarán. Y llegados a ese momento a ver cómo se ponen de acuerdo tres o cuatro formaciones, cada una de su padre y de su madre.