Consciente de que el clamor popular, singularmente interpretado por el Partido Popular, solicita con urgencia un simple cambio en la ley electoral de un número por otro, recuerdo en los lejanos tiempos de renovadores y guerristas del Partido Socialista cuando caí en la tentación de ser diputado de los que hoy sobran, que corría entre directores generales y subdirectores algunos de ellos todavía hoy en ejercicio político, y van ya casi 20 años, la especie de que a los entonces diputados se nos pagaba por el número de iniciativas parlamentarias que formulásemos. Y ello era la razón de que los más avariciosos más iniciativas presentaran. Para amargura del Gobierno.
Si altos cargos de un Gobierno tenían tal percepción, ciertamente no me extraña el actual clamor, por más que tal hecho no permita explicar, en época de ajustes para el resto de empleados públicos, el incremento del 8 % que han tenido los parlamentarios en estos últimos años.
Digo pues que de ahí conservo mi inclinación por prestar atención a los pequeños hechos de gobierno -órdenes, decretos, convocatorias-, más que altisonantes declaraciones de gobernantes para conocer el trecho que va del dicho al hecho. Ello porque en tales hechos se observan talantes y actitudes, y además indican la capacidad de los gobernantes para ahormar la Administración pública a sus objetivos políticos. Costumbre harto extendida en España y Galicia, hasta convertir a nuestra Administración en una Administración desprofesionalizada, y a nuestra política en un pantano corporativo de la función pública. Recuerden sino el famoso incentivo con que se remunera de por vida a los funcionarios que dejando un cargo político retornan a su puesto de trabajo en la Administración.
Y en esas andanzas de seguir convocatorias y resoluciones encuentro en este verano de mal tiempo la primera resolución del programa Feder-Innterconecta-Galicia del CDTI, programa paradigmático de innovación empresarial en el actual Plan de Investigación, Innovación y Conocimiento (I2C) ante la sequía de dotación presupuestaria para acciones propias del Gobierno gallego, que en su primera convocatoria nos alecciona sobre nuestra capacidad innovadora.
Prolijo sería analizar con detalle dónde están los intereses empresariales gallegos en esta convocatoria de innovación, pero siguiendo criterios de empresarios pioneros y de éxito ya fallecidos, les sugiero una visita al, en ocasiones, poco apreciado e ignorado Boletín Oficial del Estado del 31 de julio de este año, y podrán juzgar por ustedes mismos. Solo un apunte, entre las entidades líderes de tales proyectos ¿cuántas son gallegas? Lo que podría estar relacionado con la existencia de apenas ochenta empresas de carácter industrial con más de 250 trabajadores que existen en Galicia.
Pensemos, que no es poco, y hagamos más con menos. Dos lemas de gobierno.