Lorenzo Rico. David Barrufet. José Javier Hombrados. Los muros de la selección española de balonmano tienen ahora a Sterbik, otra meta portentoso. Pero Hombrados es algo más. Son cuatro juegos olímpicos. Dos medallas de bronce en Atlanta en el 96 y en Pekín en el 2008. La sombra de Barrufet, cuando este estaba en activo. Hombrados es la colocación. Y ahora la veteranía. Pesa en el vestuario. El balonmano es un deporte alucinante. Fuerza y velocidad sobre la pista. La igualdad es absoluta. Son muchos los países que pelean por los campeonatos de Europa, por los campeonatos del mundo, por las medallas de unos Juegos. Las diferencias son mínimas. El crecimiento en España ha sido espectacular. El desembarco de los grandes jugadores del Este y del frío del norte en la Liga han hecho que los españoles madurasen. Y las canteras cada vez sacan más joyas. Ver a España siempre es admirar cómo su portero hace milagros. A la velocidad que disparan los brazos metálicos de esas catapultas es increíble que haya quien quiera estar bajo los palos. Y bajo los palos de España ahí sigue Hombrados, cuarenta años le contemplan, un clásico del deporte español.