Autopistas

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

Ir de A Coruña a Vigo debería ser natural, fácil. Se trata de recorrer la espina dorsal de Galicia, el eje económico. Pero si se viaja en coche entre las dos grandes urbes del Noroeste, no hay posibilidad de término medio. Puede tratarse de una tortura (por carretera). O tratarse de un lujo (por autopista). Hacer este trayecto al volante no es natural. Ni fácil. Las elevadas tarifas son un gigantesco palo en las ruedas gallegas, que ya avanzan lentas en este contexto de paro y ajustes. Las comparaciones son odiosas. En otros lugares florecen los descuentos. Aquí escasean. En otras comunidades cuentan con alternativas. Aquí no existen. En la balanza no hay duda. Hay autopistas que, en el fondo, no van a ninguna parte.