Un espectáculo esperpéntico


M inuto número uno, se abre el telón en el Congreso de los Diputados. Sale el expresidente de Caixanova, que cambió varias veces leyes y normas internas para mantenerse en el poder, y dice que él no mandaba nada desde hace ya seis años, cuando se jubiló. Minuto número dos, sigue el señor Gayoso en el estrado y vuelve a echar balones fuera cuando deja entrever que él no tiene que dar explicaciones ya que los responsables son desde el 2011 dos gestores de «gran experiencia y capacidad», José María Castellano y César González-Bueno.

La escena de esta tragicomedia continúa con un no les voy a decir nada sobre la contratación de las participaciones preferentes entre personas con deficiencias intelectuales, mayores analfabetos y niños porque se trata de un asunto investigado por la Justicia. Y, que decir tiene, que me preguntarán en vano si algo quieren saber sus señorías sobre las indemnizaciones millonarias que se han pagado en la entidad.

Como en el pasatiempo de los ocho errores, todo el mundo se dio cuenta de que Fernández Gayoso dibujó uno en la respuesta: «No he cobrado ni un euro, nunca, por mi jubilación hace seis años. Ni antes de seis años, ni después».

Un euro, no; cobró bastantes más. Desde el 2005, y si la situación no ha cambiado, el presidente de la antigua Caixanova recibe 689.000 euros brutos cada año en concepto de jubilación. Pero además, durante este tiempo cobró dietas. Solo en el 2011 por este concepto recibió 469.590 euros (73.300 del consejo de la caja y del banco y participadas, 396.290). Sumemos: 1,16 millones de euros.

Fernández Gayoso es un hombre elegante y conoce bien Galicia, sobre todo el área sur, donde las manifestaciones de los afectados por las participaciones preferentes cobran mayor fuerza. ¿Por qué? ¿Quizá porque allí el engaño fue mayor? ¿Se estaría buscando incrementar el capital de la entidad a toda máquina para afrontar la fusión aminorando la debilidad de la entidad de referencia en el territorio? Si es así, los efectos del engaño cobran una mayor virulencia.

Gayoso, ya en los pasillos, tampoco quiso explicar a qué se refería el exgobernador Fernández Ordóñez cuando dijo que, si no se fusionaban, Caixa Galicia y Caixanova tenían que haber sido intervenidas. (¡Y no es que a estas alturas nos fiemos de lo que dice Ordóñez!, a quien había que recordarle que, en ese caso, tendría que intervenir a prácticamente la totalidad de las cajas de ahorros españolas y a algún banco). Pero lo lógico es que el gran responsable de la caja del sur la defendiese y explicase por qué en el momento de la fusión necesitó provisionar 900 millones.

Pero a lo que íbamos, ¿cómo se titula esta película?

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Un espectáculo esperpéntico