Dicen las encuestas que solo el 3 % de los españoles son capaces de situar a Finlandia, al primer intento, sobre un mapa mudo de Europa. El 65 % la sitúan, sin dudar, en el norte de Europa. Pero un 26 % no tienen ni idea de donde está, y lo mismo la hacen limitar con Eslovaquia que con Islandia. Por eso sentí mucha emoción cuando el Parlamento finés aprobó una aportación de 2.300 millones de euros para rescatar la banca española.
Los 5.300.000 finlandeses que hay en el mundo -tantos como madrileños- tampoco saben mucho de España. Pero da la sensación de que entienden el intríngulis de la eurozona, y de que, para conservarla, están dispuestos a debatir en su Parlamento el rescate de un país que ha entrado en barrena a causa de una política económica descerebrada y de una Administración caótica, y que ayer tuvo que rescatar a Valencia, gobernada por el PP desde hace más de veinte años y convertida «en un ejemplo, querido Paco (Camps), de lo que vamos a hacer en toda España».
Los finlandeses pagan un IVA del 23 %. Y por eso estaban legitimados para echarse a la calle para protestar por el rescate de España, y exigir que sus 2.300 millones de euros se destinasen a reducir el IVA y a gastarse el ahorro en las discotecas de Ibiza. Pudieron imitar a los españoles y protestar airadamente por el rescate de un país que no está dispuesto a poner en el envite una paga extra, que puede echar a la calle al 75 % de la plantilla de una televisión pública sin que tenga que cerrar ni disminuir su programación, y que sigue creyendo que, aunque otros tengan que venir al rescate, nuestro Estado de bienestar -tantas veces ineficiente y derrochador- es innegociable.
Pero los finlandeses no salieron a la calle ni siquiera cuando vieron que nuestra prima de riesgo superaba los 610 puntos, que la Bolsa se desplomaba, que no nos damos por aludidos en esta monumental catástrofe y seguimos culpando de todo a Merkel y al BCE, y que nos encaminamos sin pestañear hacia un rescate total en el que Finlandia tendrá que poner 22.000 millones de euros.
La explicación de todo este caos es que los finlandeses están mejor gobernados y tienen más cultura política que nosotros. Y por eso les aconsejo que hagan en privado este curso rápido sobre gestión de la crisis. Con fondo musical del Vals Triste, Op. 44, n.º 1 de Sibelius, mediten serenamente tres cosas. 1) Por qué ellos tienen dinero para prestarnos y nosotros -Montoro dixit- tenemos un Estado exangüe. 2) Por qué los que prestan el dinero y pagan el IVA al 23 % no protestan y los que van a recibirlo y todavía pagan el IVA al 18 % están enfurecidos. 3) Por qué ellos creen que necesitan el euro y nosotros estamos dispuestos a romper la baraja solo para cobrar la paga extra de Navidad.
Aprenderá mucho, no lo dude. Aunque también va a sentir una vergüenza insoportable.