S i son verdad una declaración y una noticia de ayer, la situación es de angustia, porque la alarma hace tiempo que está superada. La noticia es que un centro tan sensible como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha paralizado todos sus pagos, limpieza incluida, para poder hacer frente a las nóminas de julio. La declaración es del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro: «Si no sube la recaudación, está en riesgo el pago de nóminas». Ante ambas digo: cuando una empresa, del volumen que sea, no puede pagar el salario de sus empleados, no le queda más remedio que el cierre.
Como el cierre de las Administraciones públicas españolas no parece que sea una solución que se pueda contemplar, ¿qué salida queda? Lo dicho por Montoro: que los accionistas, el conjunto de los españoles, exprimamos la cartera y paguemos sus nóminas. Ese es, pues, el sentido del ajuste y de la subida de impuestos. Los mercados lo saben y por eso no dan tregua a la prima de riesgo ni aflojan en el precio para comprar bono español. No es que rechacen las medidas del Gobierno o les parezcan insuficientes. Es que conocen la verdad de las existencias en la caja del Estado. Es que saben -y si no, lo saben desde ayer- que alguien que no puede pagar la nómina tampoco puede pagar a los acreedores. De ahí su desconfianza. De ahí los altos intereses que nos imponen. Desde estas revelaciones, lo menos que se puede prever es que, si Montoro dijo la verdad, o se produce un milagro, o el rescate de España es inevitable. Montoro acaba de anunciar la llegada de la intervención.
Ahora entiendo por qué el presidente del Bundesbank dijo que España debería pedir ese rescate. Tendemos a menospreciar esos consejos por distantes, poco informados o apocalípticos. Preferimos quedarnos cómodamente con la cara amable del voluntarioso «España es demasiado grande para ser rescatada», frase que han dicho desde Felipe González hasta dirigentes del PP. Tenemos que despertar de esa ensoñación. Estamos pagando la deuda soberana, pero hay dificultad para pagar a tres millones de empleados públicos. La libertad de que carece Rajoy para hacer la política que le gusta no es tanto una imposición de Bruselas como una agobiante necesidad interna.
Y una última consideración: si la subida del IVA no funciona porque se cargará el consumo, y si es certero el anuncio del FMI de que la recesión se prolongará hasta el 2013, ¿qué queda por hacer? ¿Una nueva oleada de recortes? La atisbábamos hace dos días sin darle crédito. Ahora la veo venir. Sin fecha, pero la veo venir. Lo único que pido es que todavía la pueda decretar el Gobierno español. Como la impongan los tristes y famosos señores de negro, nos vamos a enterar.