La catarsis

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

Si no hubiese sido por esta tremenda crisis que unos alentaron, otros ignoraron y ahora nadie es capaz de embridar, quienes en los tiempos posmodernos del elogio al beneficio fácil fueron elevados a los altares y hoy rinden cuentas ante la Justicia, seguirían llenando su saco con lo de todos sin sentirse obligados a dar explicaciones. Quizás ellos sí preveían lo que se nos venía encima y por eso se prepararon un mullido colchón de millones de euros para amortiguar la caída. La suya, claro.

Y son ellos, los que se resistieron hasta el último momento a dejar cargos en los que no hicieron tanto bien como durante años se encargaron de pregonar, quienes tratan de hacernos a todos corresponsables de una crisis que ellos afrontan con indemnizaciones abultadas como el bote del euromillones y otros con la ayuda escasa y precaria de la asistencia social. Muchos ciudadanos se endeudaron por encima de sus posibilidades, pero porque había bancos que estaban encantados de sumar acreedores vitalicios. Es razonable que un prejubilado quisiese sacar el mejor rendimiento a su complemento de retiro, pero si compró participaciones preferentes fue porque alguien -que sí conocía la letra pequeña- se las vendió.

La crisis ha contribuido a destapar escándalos que en tiempos de bonanza parecería sacrílego denunciar. Seamos honestos, no lo hicimos. La catarsis es el efecto purificador, la depuración de las aguas turbias en las que algunos supieron engordar. Quizás miramos para otro lado, pero las responsabilidades tienen dueños. Los males que padecemos, la crisis y sus daños colaterales no son un inoportuno vecino que ha venido de visita.