No es esto, no es esto

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

28 jun 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Discúlpenme la petulancia de utilizar para esta crónica el título de un artículo histórico de Ortega. Pero no he encontrado nada más elocuente para describir un panorama solo edulcorado por las expectativas del Consejo Europeo. Los datos y previsiones deprimen. Según el Banco de España, la recesión se agrava, y los analistas empiezan a temer que la caída de la economía este año se acerque al 3 %. Políticamente significa que el segundo trimestre del PP en el poder no solo no ha producido ningún milagro económico, sino que se vio acompañado por un agravamiento de la situación. Ni siquiera el gran talismán del Gobierno, la reducción del déficit, ha compensado los esfuerzos de Cristóbal Montoro. La perspectiva es de más sacrificios. No era esto lo deseado. No era esto lo esperado. No era esto.

Mientras, hay que adoptar decisiones dolorosas, todas dictadas por Bruselas u organismos internacionales. Ayer daba miedo leer los periódicos, con los medicamentos no financiados, el céntimo verde que pagaremos en el surtidor, el fin de la deducción por vivienda y el estudio de un nuevo recorte salarial de los funcionarios, sin hablar del recibo de la luz o la subida del IVA. ¿Algo de esto estaba en la previsión oficial o en las ofertas electorales? Nada. Todo es sobrevenido por el descontrol de las cuentas públicas y la propia caída de la economía, que deja sin ingresos al Estado. Los mercados, que saben muy bien dónde se juegan los cuartos, otean el panorama y siguen sin fiarse, como demuestra la prima de riesgo.

Lamento no tener la formación suficiente para argumentarlo sin escandalizar a catedráticos de Economía, pero el instinto dice que no es esto. Nada de lo recomendado por la Comisión Europea o el Fondo Monetario Internacional ha dado ningún resultado positivo. Ni en empleo, ni en vitalidad empresarial, ni en animación del consumo, ni en creación de riqueza, ni en esperanzas de los ciudadanos, ni en nada. Ni siquiera se ha conseguido elevar -¡ni crear!- esperanzas de los ciudadanos, que en cada encuesta demuestran un mayor pesimismo ante el futuro.

Yo me limito a preguntar con qué experiencia de las intervenciones de Grecia, Irlanda y Portugal se atreven a hacer imposiciones a otros Gobiernos. Me limito a denunciar que a nosotros nos obligan a unas políticas que por ahora solo han producido decadencia y malestar. Me limito a incitar al Gobierno a que desarrolle su propio programa de crecimiento.

Y tengo ganas de pedirle a Rajoy que se rebele y haga valer sus propias ideas. Porque, como esto siga así y él siga tan disciplinado y renunciando a su iniciativa, los ciudadanos no echarán a Merkel, ni a Barroso, ni a Van Rompuy. Él sabe muy bien a quién echarán.