La Europa imposible

Albino Prada
Albino Prada CELTAS CORTOS

OPINIÓN

28 jun 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El intelectual alemán J. Habermas distingue una construcción federal de varios Estados con un solo pueblo (como EE.UU.), de la integración de diversos Estados y pueblos (la UE). En este caso, los sujetos constituyentes serían dos: los ciudadanos y los pueblos. Lo cual impediría alcanzar un federalismo clásico, y obligaría a una singular convivencia entre un Parlamento de todos los ciudadanos europeos y un Consejo que sería la voz de los Estados. Estaríamos ante una comunidad federal inhabitual, no ante una comunidad federal incompleta. Por eso en EE.UU. es suficiente una mayoría cualificada de Estados, mientras en la UE se requiere unanimidad para aprobar cambios básicos.

Es esta una diferencia mucho más que conceptual. Porque, si así fuese, la sencilla construcción de una solidaridad ciudadana ampliada a lo largo y ancho de los EE. UU. (con una Reserva Federal y un Presupuesto Federal) encuentra resistencias en la UE porque, cito a Habermas, esa solidaridad tendría que incluir a los miembros de los otros pueblos, desde el punto de vista alemán, por ejemplo, los griegos.

En su ensayo Camino de servidumbre, F.A. Hayek dejó escrito al respecto: «Cuando se trata de ayudar a personas cuyos hábitos de vida y formas de pensar nos son familiares, o de corregir la distribución de las rentas o las condiciones de trabajo de gentes que nos podemos imaginar bien y cuyos criterios sobre su situación adecuada son, en lo fundamental, semejantes a los nuestros, estamos generalmente dispuestos a hacer algún sacrificio. Pero, ¿quién se imagina que existan algunos ideales comunes de justicia distributiva gracias a los cuales el pescador noruego consentiría en aplazar sus proyectos de mejora económica para ayudar a sus compañeros portugueses, o el trabajador holandés en comprar más cara su bicicleta para ayudar a la industria mecánica de Coventry, o el campesino francés en pagar más impuestos para ayudar a la industrialización de Italia?»

Estas resistencias llevan años desdibujando la presencia institucional del Parlamento y de la Comisión. Resistencias que se han reforzado en el ámbito de los Estados de la eurozona pues, al no coincidir ya con el ámbito de los 27 de la Unión, aquellos habituaron a gobernarse con lo que Habermas llama federalismo ejecutivo, un dominio burocrático-posdemocrático.

Es así como los Jefes de Gobierno en el Consejo Europeo (o en el Eurogrupo) se limitan a trasladar los imperativos de los mercados a los presupuestos y parlamentos. Sin apenas espacio para la solidaridad y la democracia. Y es así como bajo la apariencia solidaria de una moneda común (el euro) se empuja para que la deuda de cada Estado (vía prima de riesgo) sea la verdadera moneda. El peligroso barómetro de esas resistencias.