Imperdonable

Tino Novoa EN LA FRONTERA

OPINIÓN

Errar en los cálculos es malo. Engañar es aún peor. Y reincidir en el error y el engaño no tiene perdón. Porque mina la credibilidad de tal manera que, a partir de ese momento, hasta el mayor de los esfuerzos se diluye bajo el manto de la desconfianza. El ministro de Hacienda y los consejeros de todas las comunidades hablaban el jueves de día histórico, porque se habían unido para lanzar un mensaje de rigor a Europa respecto de las cuentas autonómicas. Lo repetía ayer la portavoz del Gobierno. Y lo hacían sin el más mínimo rubor aun a sabiendas de que unas horas después iban a ser desnudados por la realidad de las cifras. «Lo más grave que le ha pasado a España en los últimos tiempos es incumplir un compromiso del Gobierno español». Lo dijo Rajoy hace un par de meses para culpar a Zapatero de todos los males del país. Pero aún hay algo peor: mentir sobre ese incumplimiento, y hacerlo a sabiendas. Se puede fallar en el cumplimiento de los objetivos. Lo inadmisible es que se oculte o se falsee la realidad. Especialmente cuando se sabe que Europa y los mercados tienen los ojos puestos en nosotros. La confianza es la base de cualquier relación, y nada la deteriora más que el engaño. Es doblemente sangrante, además, que sean dos comunidades gobernadas desde hace años por el PP las que más se hayan desviado en sus cifras. No solo quedan en evidencia los supuestos adalides de la buena gestión, como Esperanza Aguirre, sino que su mensaje regeneracionista se va por el mismo desagüe que se lleva la credibilidad de España. Y eso no tiene perdón.