Alguien se equivocó en la banca

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

17 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

S ería absurdo que un cronista como yo intentara sostener una tesis alternativa sobre la reforma financiera. Si el señor De Guindos hizo lo que hizo, supongo que ha puesto en ello toda su inteligencia y preparación, que ha consultado con los sabios del sector y que usó todas las posibilidades que están al alcance del Gobierno. Ahora bien: ha producido daños colaterales -espero que temporales- que merecen una reflexión. Básicamente esta: una medida pensada para tranquilizar a los mercados ha servido para soliviantarlos y algunas de las consecuencias las hemos visto estos días. Desde la reforma, la banca española ha perdido 6.000 millones de euros en la Bolsa.

¿Qué ha ocurrido para ese efecto tan negativo? Pues ha ocurrido algo muy sencillo: al coincidir la reforma con la nacionalización de Bankia, se extendió la duda de si todo el sistema estaba maleado, y no solo la antigua Caja Madrid. Si las medidas son iguales para todas las entidades, sea cual sea su dimensión, su salud financiera y su exposición tóxica a los riesgos del ladrillo, es legítimo pensar que todas tienen los mismos o parecidos problemas. De esta forma, la desconfianza se extendió por Europa, y la desconfianza en la banca es letal para un país.

Por si esto fuese poco, se lanza una ofensiva contra el Banco de España, que es el regulador. ¿Y quién se fía de un sistema financiero cuya máxima autoridad es desautorizada por el Gobierno? Esto no se le ocurre ni al que asó la manteca. Ahora hay que hacer auditorías externas y privadas entidad por entidad, bajo vigilancia del Banco Central Europeo, y siento decirlo, pero la confianza no será restaurada hasta que esas auditorías estén concluidas. El Gobierno habla de dos meses, a los expertos les parece poco, y muchos nos preguntamos hasta dónde puede caer el valor bursátil de la banca española en ese clima y en ese tiempo de espera.

Quiero decir con ello que se han cometido graves errores de procedimiento. Si la reforma era necesaria, quizá imprescindible, se hizo con los efectos del elefante que entra en una joyería. Se debió acometer después de las auditorías, algo que tendrían que saber los grandes expertos y los responsables de la economía. El resumen provisional es desolador: la banca española estaba mejor en su valoración bursátil antes de anunciar la reforma que después. Hubo falta de cálculo de la hipersensibilidad de los mercados, que hoy castigan hasta los gestos y no soportan dudas a la hora de invertir. Alguien pensó que las reformas son milagrosas por sí mismas, y ninguna lo es, como no lo ha sido la reforma laboral. Aquí se nos prometen paraísos futuros, pero hay que pagar altos peajes actuales. Sobre todo, cuando se actúa con imprevisión.