El premio de Moneo


Lo ve como un regalo. Lo recibe «cuando creía pasado mi turno». Rafael Moneo lo ha sido casi todo. Y ahora es príncipe de Asturias de las Artes justo el día que cumplía 75 años. Moneo es el único premio Pritzker español, el Nobel de la arquitectura. Lo fue en el 96 y, aunque se sabía finalista en el pasado del Asturias, no esperaba ya la distinción. A Moneo le dicen que es más cartesiano que artista. Él apuesta en sus obras por «ese momento en el que la buena arquitectura acaba perdiendo los rasgos personales para asimilarse y crear esos rasgos más amplios de la ciudad». Fan de Utzon y su Ópera de Sídney, le rindió homenaje con el Kursaal. Pero de Moneo son también el museo de arte romano de Mérida o las ampliaciones de la estación de Atocha y del Museo del Prado. Más cabal y sobrio que excéntrico, Rafael Moneo ha sido decano de la Escuela de Arquitectura de Harvard. Tiene obra en Houston, en Estocolmo, en Los Ángeles... Lejos de creaciones arriesgadas, no olvida la función. Le ganó la distinción, entre otros, a gente tan diversa como el Circo del Sol o el teatro Bolshoi, como Chavela Vargas o Jasper Johns. La magia del cubo de Moneo está en lo más sencillo: la línea como un horizonte.

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