04 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.
Es práctica habitual de los Gobiernos, y en el caso del de Rajoy práctica a lo bestia: atacar con bazukas y kalashnikovs los bolsillos del ciudadano; usar balas de fogueo con quienes dormitan en estériles despachos de diputaciones, senados y otros chiringuitos... Hay miedo en los políticos a hacer la guerra al revés, la guerra justa, porque para ellos sería una lucha fratricida. De despachos contra despachos. Ahora Rajoy habla de «repensar el Estado para evitar duplicidades y solapamientos»... El eufemismo carece de la contundencia de la sangre, sudor y lágrimas exigida, y derramada ya a mares, por (casi) todos. Sí, puede ser un comienzo. O no. Si no lo es, puede ser el final.