E l PSOE ha pasado del poder a la oposición y ha cambiado su discurso social incluso con descaro, pero no acaba de incorporarse al gran debate europeo sobre el futuro de la socialdemocracia. Es como si no quisieran enterarse de que son necesarias respuestas nuevas para preservar el Estado de bienestar, reducir la desigualdad (su gran fracaso) y recuperar la confianza social. Para lograr esto se requiere algo más que eslóganes oportunistas y devaluados.
En toda Europa está en marcha una intensa e innovadora reflexión sobre las correcciones que deben introducirse en el modelo socialdemócrata tras la experiencia de la crisis. Porque ellos sí aceptan que han cosechado un serio fracaso, no en la defensa del Estado de bienestar, sino en su gestión. Y se preguntan: ¿Está bien formulado un concepto de redistribución que no ha permitido reducir la desigualdad? ¿No son el paro y una seguridad social disminuida las causas principales de las brechas sociales? ¿Se ha modificado adecuadamente el modelo social para afrontar con éxito la globalización? ¿No sigue siendo la socialdemocracia demasiado estatalista en sus políticas sociales? ¿No se ha centrado la atención en los grandes temas político-ideológicos y se han desatendido los problemas cotidianos?
La idea de un «capitalismo deseado» se abre paso por encima de prejuicios y de vanos rechazos, y a la vez decae la defensa esclerotizada del papel del Estado. Lo nuevo no consiste en abandonar los objetivos sociales, sino en redefinir los medios para conseguirlos. Porque el fin sigue siendo el de conseguir sociedades más justas y equitativas, sobre todo en unos tiempos en que renace un capitalismo de perfil salvaje.
Pero el PSOE no parece inmerso en estas preocupaciones, sino en parar su caída electoral, estrujado entre un PP con mayoría absoluta y una IU que le saca brillo a sus antiguallas ideológicas. Los resultados de Andalucía y Asturias debieran haberle devuelto el sosiego necesario para renovar su oferta, en la línea de sus semejantes europeos. De lo contrario, puede encontrarse con una grave y duradera desafección social.