Eléctricos


La oscuridad lleva tatuado en la espalda el misterio. Pero ninguno como el de la luz de una simple bombilla. Hipnotiza a las mariposas, cuya carencia de giro hipnotiza a su vez al observador. Nada como encender una vela en la noche y ver cómo dibuja el mundo sobre negro. Algo tiene la luz. Y la electricidad. A ella van los políticos como polillas que sienten en su interior un grito ancestral y siguen ese fulgor como si formara parte de su naturaleza. El último, Ángel Acebes, delfín naufragado de Aznar que ha sido nombrado consejero externo de Iberdrola. Uno más. Nada menos. Al tirar del cable, asoman muchos más nombres, como Felipe González o el propio Aznar. Votos por voltios. Los hay que hicieron apostolado de la energía nuclear antes y después del accidente del desastre de Fukushima blandiendo la supuesta autoridad moral que se supone a un expresidente o exministro, pero con ese añadido perverso de formar parte de la industria energética.

Las distancias se achican peligrosamente entre los papeles de juez y parte. A veces ni siquiera se guarda el luto legal de la transición. Elena Salgado, esa versión española de la gauche caviar francesa, ni siquiera esperó los dos años de paréntesis que teóricamente deberían separar el salto del Ejecutivo a la multinacional. Se dio a la fuga. Al marido de De Cospedal solo lo detuvo la tormenta del malestar ciudadano, que, además de vigilar la legalidad, de vez en cuando exige moralidad. Las mariposas de la política siguen yendo hacia la luz. Así se entiende tanto desapego de lo público (sanidad y educación) y tanta defensa de lo privado (YPF).

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