Una España doliente, que no postrada

Tino Novoa EN LA FRONTERA

OPINIÓN

C ada vez que pensamos que hemos tocado fondo, que ya no podemos caer más bajo, sucede algo que nos hunde aún un poco más. Son los recortes, sí, esos tijeretazos que nos empobrecen y nos hace sentir acechados por la sombra de la miseria. Pero también un decaimiento de la esperanza que nos arrebata el ánimo a jirones y permite que los vampiros intenten alimentarse con nuestra sangre. Como Cristina Fernández. Y no solo nos humillan los ajenos. Incluso quien debería ser ejemplo de solidaridad, quien debería extremar los gestos de cercanía y fraternidad en estos tiempos de zozobra, intenta mantener una vida de lujo ajeno a quienes sufren. Porque España es hoy un país doliente, que siente como le arrebatan día a día todo cuanto había conseguido con esfuerzo, con mucho afán, a lo largo de muchos años. Una España afligida que siente la pérdida del futuro y que, al igual que la generación del 98, hace de la perplejidad una forma de ser y de estar.

Y, como ellos, desconfía y se aleja de sus políticos. Porque siente, como escribía Machado, que «en política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela». Como hace Rajoy, obsesionado por demostrar a Alemania y a los mercados que es un alumno disciplinado que aplica los recortes caiga quien caiga. Y quienes caen son las clases medias y quienes menos tienen, que solo pueden aspirar a tomarse un par de cafés. Y gracias, porque incluso eso quieren quitarnos quienes no tienen problemas para llegar a fin de mes, que es lo que le pasa al 65 % de los españoles.

Es cierto que llevamos años gastando más que lo que ingresamos. Una situación insostenible a largo plazo y que nos deja en manos de nuestros acreedores. Los ajustes son necesarios, pero las vías son múltiples. Y el Gobierno ha optado por la más expeditiva y dolorosa. Porque el reparto de las cargas no es equitativo y daña especialmente a quien menos recursos tiene. Al reforzar el pago por uso, se carcome el principio redistributivo de aportación en función de los ingresos y uso según las necesidades. El nuevo sistema amenaza la salud de quien no se la puede pagar y el futuro de la inmensa mayoría al deteriorar la calidad de la enseñanza y encarecer el acceso a la universidad. Estos ajustes no solo acentúan la recesión actual sino que lastran el crecimiento futuro.

Rajoy pide esfuerzos, y nadie los rehúye, pero para demandarlos es necesario un crédito moral que casa mal con quien se mueve desde la imposición, con una agenda de reformas que ocultó en campaña, que aplica con una apreciable insensibilidad social y que acompaña de retrocesos en libertades y derechos. Como su intento de reforzar el control gubernamental de TVE y su intención de coartar las protestas en la calle para silenciar las críticas. Si lo que pretende es una España postrada a sus pies, malo. Porque solo desde la integración y la concertación de voluntades se puede salir del pozo. Sacrificios incluidos.