09 abr 2012 . Actualizado a las 06:00 h.
Galicia fue el reino de las mil corredoiras. El lugar cosido por las carreteras secundarias. De la curva dibujada lamiendo la casa. Del odiado y querido bache por el que pasaban generaciones. Del firme que en realidad no lo era. Los caminos han cambiado. Galicia cuenta con una red muy extensa, una tela de araña que une lo viejo y lo nuevo, fruto en gran parte de la dispersión poblacional. Mantener la maraña cuesta millones, cifras pobladas de ceros, a distintas Administraciones. La conservación no acaba nunca. No vende electoralmente como la flamante obra nueva, no ofrece inauguraciones ni cintas que cortar. Pero cuando se borran los pasos de cebra y las calzadas se pueblan de surcos es difícil ir a ninguna parte.