La utopía de la unidad

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

06 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

E l presidente Rajoy hizo una llamada de socorro: ha pedido unidad política «gobierne quien gobierne» porque «nos jugamos el futuro de nuestro país». Si yo fuera socialista, le replicaría: «No está usted legitimado, presidente, para pedir unidad a los demás partidos, después de negarla al PSOE cuando gobernaba. En mayo del 2010 prefirió jugar a la caída de Zapatero y no respaldar el gran ajuste que frenaba el rescate de España». Eso le diría. Como no soy socialista ni tengo previsto serlo, el mensaje es otro: comprendo que se haya negado a respaldar a ZP. Entendía que su política era equivocada y nos conducía al precipicio. Nadie puede apoyar la culminación de un error.

De todas formas, lo que ocurre en España es sintomático: los políticos reclaman unidad cuando gobiernan. En cuanto pasan a la oposición, no consiguen distinguir bien el interés nacional de los intereses de partido. Y así, en la segunda legislatura de Zapatero, el PP parecía celebrar los datos terribles del paro o la caída de los indicadores económicos. Hoy, al lado de las noticias del Rajoy que intenta embridar las cuentas con tanto riesgo como rigor, se lee que el PSOE ve alarma social, maltrato, castigo o desastre en los Presupuestos. No encontraron conceptos más contundentes en el diccionario. Si es la respuesta a la petición de unidad, no puede ser más clara: que Rajoy no cuente con ellos.

Y, sin embargo, la necesidad de unidad está ahí, porque España ha vuelto a situarse en el centro de la diana de las tensiones. La amenaza de intervención vuelve a ser creíble. Los mercados vuelven a castigarnos. Hay entidades que intuyen que la recesión puede ser espantosa este año, con una caída del 4 por 100. Y todo ello aumenta el desaliento. Seguramente el único mensaje que se puede enviar a esos mercados es el de una clase dirigente comprometida de forma unánime a salvar el país antes de que haya que rescatarlo.

Lo que ocurre es que esa unidad «gobierne quien gobierne» no se consigue reclamándola en reuniones de partido, fáciles al aplauso y a la exaltación. Se consigue convocando a los líderes (también a los sociales), elaborando puntos posibles de acuerdo y mostrando voluntad de ceder. Así se logran pactos de Estado. ¿Hay esa voluntad política? No la veo, porque en los discursos del Gobierno queda mucha aversión a la herencia socialista; porque en los discursos de oposición se empiezan a notar ganas de que Rajoy fracase, y porque a la izquierda le resulta imposible asumir el giro conservador de políticas ya aprobadas. La ansiada unidad seguirá siendo una utopía. Antaño la pedía Zapatero, ahora la pide Rajoy. En los discursos suena muy bien. Pero cuando se pide es que debe de ser mucha la necesidad.