S i hoy se cumplen los pronósticos, y no veo motivo para que no se cumplan, el PP acumulará las mayores cotas de poder en período democrático. Nunca un grupo político, ni el PSOE de González, fue capaz de regir el poder municipal, autonómico y estatal. De aquí en adelante, y siguiendo los cauces de la lógica, solo queda el declinar. La pregunta es cuándo comenzará el PP a bogar río abajo. La data no me parece próxima: nunca la oposición ha estado tan mal gestionada. Y si nuestra perspectiva es gallega, mi afirmación anterior aumenta: en Galicia la oposición se hace la oposición a sí misma, algo que ni los más eruditos politólogos podrían suponer.
El PSdeG ha tocado fondo y, dividido, debe buscar una salida al bucle que lo llevará a desvanecerse en las ciudades y de no mermar, en territorio rural, el poder popular. Por otro lado, dos de sus tres bastiones municipales atisban en lontananza un futuro lúgubre. En Vigo, el caballerismo, amalgamado en torno a un ego, ya se enfrenta a un PP de mayor espectro electoral. No es una buena noticia para los socialistas.
En Ourense, ídem. Allí el PP se llevó la contraria a sí mismo durante los últimos años. Creo que han aprendido la lección. Los cinco mil votos que resbalaron hacia otras opciones buscarán reposo en su vivero natural: la democracia cristiana («derecha», dice la progresía). Si a eso unimos que el flojo perfil político del alcalde ha salido resquebrajado de la contienda contra Vázquez, la ruta a seguir parece impoluta. Por lo tanto, el poder municipal, que es el que puede defender el PSdeG, tendrá en Lugo su única ligadura. Pontevedra, imposible. A Coruña, Santiago y Ferrol, también.
De otra parte, el BNG, o sus restos. ¿Qué es el actual nacionalismo?: acólito del PSdeG. Si miran una ciudad como Ourense y quieren juzgar al BNG, el adjetivo sombrío acudirá a su boca. Nada más. Y nada menos: porque gracias a esta condición subalterna gobiernan algunos municipios. Pontevedra y determinados núcleos rurales son la excepción. ¿Qué quedará de todo ello si un neonacionalismo más centrado, menos encapsulado, toma forma? En principio, poco. Luego habrá una parte del galleguismo vacua (inane) y otra, la más sensata y cercana a la gente, rozará la cuarta o quinta parte de los votos gallegos.
He aquí, en mi opinión, el futuro. Ahora al PP le toca asimilar tanto poder: poder absoluto. El peor de los inconvenientes será la autocomplacencia y la ausencia de crítica. Otro: el discurso no renovado; digo y diré que el PP de Feijoo precisa más gestos, complicidades, apologías del galleguismo. Otro más: la dilación en fabricar sueños. Porque los sueños alientan a la ciudadanía. Y quizá eso es lo que en esta época crítica yo echo en falta: grandes ilusiones. Mueven el voto. Pero mueven, sobre todo, el corazón de un país.