Hasta el ministro de Interior francés, Claude Guéant, sugirió en público que el yihadista se habría suicidado. Así fue que las unidades de élite provocaron tres detonaciones antes de entrar en el piso. Habían perdido todo el contacto con él la noche anterior, cuando sus últimas palabras cambiaron radicalmente lo que había dicho antes: «Quiero morir con las armas en la mano». Antes, durante horas, el mundo entero estuvo pendiente de una vivienda en Toulouse porque el Gobierno francés optó por la estrategia de desgaste frente a la de la intervención. Después de 32 horas y, tras no saber nada de él desde las 22.45 de la noche anterior, se pasó a la acción. ¿Por qué se tardó tanto en el asalto? Porque Mohamed Merah, según los expertos, ganó tiempo gracias «a una sorprendente personalidad doble: cortés a nivel social y luego muy agresivo». Lo hablador que era les hizo pensar en una salida de otro tipo. Hasta que al fin se dieron cuenta de que Merah era el mismo personaje violento que fue en los siete asesinatos que cometió. El desenlace fue un cruce de disparos tan intenso que provocó dos heridos, además de la muerte de Merah. Salió del baño y disparó. Cruzó el salón y disparó. Saltó por el balcón y disparó. Ahora que Francia vote sin pensar en todo el dolor que ha causado Merah.