De repente

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

De repente, un Van Gogh. Naturaleza muerta floral con amapolas y rosas, rezaba el título de la pintura. El autor, anónimo. La paternidad, desconocida. O, al menos, así se exhibía antes esta obra. Ahora, desvelado su secreto, se verá con otros ojos. Porque se contemplará con las lentes que le ofrece su bautismo. Cristales de aumento que engordan el arte. Pero que también multiplican los dólares, los euros, la cotización. Porque ese jardín de pinceladas que estalla dentro de un marco es una mercancía codiciada en estos tiempos de crisis, cuando todo vale nada, la nada vale todo. Los investigadores han encontrado una mina en un lienzo. Aunque nadie como Siria ha llevado hasta sus últimos extremos aquella máxima del «busca y encontrarás». Hay quien ve en las jugadas del Barcelona una expresión futbolística tan bella y trascendental que roza por momentos el arte. Otros encuentran en sus partidos rendiciones anticipadas de sus rivales. Y algunos simplemente observan en sus actuaciones el llamado villarato, una especie de cheque en blanco arbitral que permite coser y descoser el campo ante los equipos más débiles y cuyas querencias fluctúan en función de los resultados del Barcelona y del Madrid. Pero nunca antes nadie había encontrado en los trazos con el balón de Leo Messi un mapa para el contrabando de armas. Nadie salvo Siria, que demuestra una vez más que en la guerra todo vale. Incluso el surrealismo fuera de cuadro.

Lo peor y lo mejor acechan a la vuelta de la esquina. Sin previo aviso. La vida. De repente. Por lo menos, en esta recién nacida primavera, florece por sorpresa un Van Gogh.