La visita del primer ministro británico a EE.UU. ha tenido muy poca repercusión en los medios informativos de uno y otro país sobre el verdadero fondo de la visita, destacando en cambio el carácter social y protocolario con que se ha rodeado el encuentro de los dos mandatarios, grandes aliados. El interés se centró en el partido de baloncesto, con perritos incluidos, la gran cena de gala y otros actos protocolarios.
Si se ha ocultado el verdadero motivo de la reunión de ambos mandatarios en un momento estratégico tan crucial como el que vivimos es porque los temas a tratar han sido verdaderamente importantes y espinosos, como son el bombardeo de Irán y la retirada de Afganistán. En el primer caso, Israel está en la disyuntiva de que si no destruye las instalaciones nucleares de Irán, en cuanto este disponga de la primera bomba nuclear, su poder disuasorio habrá desaparecido y peligra su existencia. Pero Israel no puede actuar sin el apoyo de EE.UU., que está en período electoral. Respecto a Afganistán, la prometida retirada de fuerzas se está complicando porque los talibanes no aceptan dialogar bajo presión, y así han roto las negociaciones que se celebraban en Catar. Entonces, Cameron habrá preguntado: ¿ahora qué hacemos, nos vamos o nos quedamos?