N o nos engañemos. El malo no es don José Ignacio López del Hierro, ni su distinguida esposa doña Dolores de Cospedal. El malo es quien intentó comprar la voluntad de ese señor; es decir, el nuevo presidente de Red Eléctrica Española, don José Folgado. El señor Folgado quiso blindarse y garantizarse una gestión bien vista por el poder político, con un consejo de administración favorable al Gobierno y con personajes de clara influencia en el Partido Popular. Para esa finalidad, nada mejor que rodearse de quienes ofrecen esa garantía: nadie mejor que el marido de la secretaria general del partido. Y atención, que esto se ha destacado poco: nadie mejor que Alberto Nadal, hermano del director de la Oficina Económica de la Moncloa. Operación perfecta: blindaje completo por vía familiar. Del partido y del Gobierno.
Esta es la historia. Lo que ocurre es que en medio se encuentra doña Dolores de Cospedal, dama de alto voltaje personal y político, que suscita varios tipos de reacciones. Es admirada por su valía personal y su talla política. Es odiada por quienes la ven como sobrada y arrogante. Y es envidiada por su acumulación de poder: a veces parece que tiene el don de la ubicuidad, con capacidad para dirigir una comunidad autónoma, al tiempo que es la secretaria general y portavoz del partido gobernante, cargos que ejerce en ciudades distintas. Para el sector de la envidia, el cargo de su marido era una provocación. Para todos los demás, un caso de nepotismo.
Es preciso subrayar que probablemente la señora De Cospedal no se opuso a la designación. Si se hubiera opuesto, el señor López del Hierro no hubiera aceptado. Ambos pensaron, quizá, que no era una designación de la esposa y que un consejo de administración en una empresa semipública es tan aceptable como otros que ocupa don Ignacio. Si hubo que abortar el nombramiento ha sido porque Mariano Rajoy, por visión directa o inducida, hizo llegar sus riesgos de imagen al matrimonio. Sirva el recuerdo como elogio. Cargar en los primeros cien días del Gobierno una historia con sabor a nepotismo sería cargarse con toda rapidez la estela de limpieza con que el PP se quiere adornar.
Otra cosa es la retribución de ese consejo de administración. Si de algo ha servido el episodio, ha sido para saber que en Red Eléctrica un miembro de ese consejo percibe 180.000 euros al año; dos millones y medio de las viejas pesetas al mes. Es decir, un chollo. Y pregunto yo: ¿se puede pagar ese dinero a un simple consejero, al mismo tiempo que se limita a 105.000 la retribución de todo un presidente de una gran empresa pública? ¿Dónde está la austeridad de suprimir unas cuantas empresas públicas, si en otras se produce ese dispendio?