El horror del honor

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

La peor lacra de los milenios de patriarcalismo y la de peores consecuencias fue y sigue siendo la consideración de la mujer como un ser inferior, incapaz de decidir por sí misma, siempre dependiente de los varones, pero, paradójicamente responsable del honor familiar.

Día tras día aumenta la lista de muertes de mujeres a manos de sus familiares en defensa de su «honor» o con suicidios de jóvenes desesperadas cuyo único acto de libertad en esta vida ha sido, precisamente, quitársela. Fue el caso de Amina.

Víctima de una violación, la familia de esta joven marroquí, que debía protegerla, curarla y garantizar que se hiciera justicia, temerosa de esa entelequia y del qué dirán, prefirió condenar a su pequeña a un matrimonio con su agresor, el colmo de la sinrazón, antes que exigir que se le juzgara y enviara a prisión. Amina, con catorce años, la víctima que debería de haber sido resarcida, fue castigada a compartir lecho con el hombre que la había violado, con la bendición de un juez religioso.

El patriarcalismo, sustentado en el ejercicio de la fuerza sobre la razón, alimentado en interpretaciones sesgadas e interesadas de preceptos religiosos, perpetúa la esclavitud de la mujer como medio de control social, para garantizar la paternidad de la prole y el buen nombre de la familia. ¿Alguien puede explicar qué hay de honroso en todo ese horror?