Estos socialdemócratas de derechas

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

A lgunos socialistas están celosos y lo dicen. Don Josep Borrell, por ejemplo. Han visto algunas de las medidas que está adoptando o anunciando el Gobierno Rajoy y se preguntan: ¿y eso, por qué no lo hicimos nosotros? ¿Por qué no se le ocurrió al ocurrente Zapatero? ¿Por qué Rubalcaba no lo llevaba en su programa? Es que, para su mentalidad, hay acciones de gobierno que son propias de la socialdemocracia. Por ejemplo: rebajar el sueldo de los gerifaltes de bancos y cajas de ahorros que han recibido ayuda del Estado; estudiar la dación en pago o fórmulas parecidas para aliviar la tragedia de los desahuciados, o poner dinero a disposición de los proveedores de ayuntamientos morosos y autonomías arruinadas, a cambio de una quita, como se hizo con la deuda griega.

A esos socialistas no les falta razón, y hasta podrían estar mucho más alarmados: a poco que Rajoy y su equipo adopten -o anuncien, insisto- medidas de ese tipo, tan populares como populistas, pueden dejar al socialismo sin territorio ideológico. ¿Dónde se ha visto, por ejemplo, que un gobernante conservador meta en cintura a los banqueros? Rajoy puede estar a punto de inaugurar una nueva y seductora ideología, que es la socialdemocracia de derechas o la derecha socialdemócrata.

¿Saben lo que ocurre en el fondo? Claro que lo saben: que la gran política económica viene hecha de Bruselas e impuesta por los dichoso mercados, y los Gobiernos nacionales no son más que ejecutores. Su margen de autonomía se reduce a las formas, a cómo se hace y con qué discurso se viste. A más dureza de las reformas económicas, más toques populistas, que parecen socialdemócratas. Esos toques solo son guiños sociales de compensación por los palos que nos dan las reformas y la austeridad, pero marcan estilo y quedan bien. Los propios socialistas, con sus quejas, se encargan de hacerle propaganda.

Por eso les digo a los inquietos como Borrell: chicos, de poneros celosos, poneos por otras razones. Por ejemplo, porque, aunque sea con incidentes y revueltas como las de ayer, este país necesita que la experiencia Rajoy salga bien. Y que cada cual encuentre su sitio, porque la política española está siendo como una tierra de aluvión que se asienta. A Ruiz-Gallardón, que era el más centrista del equipo, le toca el papel de más conservador, con su reforma del aborto y su estrategia para devolver el poder judicial a la derecha. Luis de Guindos, que procede del capitalismo más feroz, es quien provoca más arrebatos populistas. Y no deja de ser interesante observar cómo los socialistas se reencuentran con la calle y se agarran al árbol de la protesta, en la esperanza de que no los arrastre la riada que desemboca en Asturias y Andalucía.