Urdangarin, sí. Y los que pagaron, también

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

28 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Si algo ha dejado claro el maratoniano paseíllo por los juzgados de Palma al que se ha sometido Iñaki Urdangarin este fin de semana, es la absoluta desfachatez del personaje. Quien esperara una última muestra de dignidad en alguien cuya reputación ha sido arrastrada por el lodo durante meses tras conocerse sus aberrantes prácticas empresariales y su ánimo insaciable de lucro a costa de todo debe abandonar toda esperanza. Ni una palabra de arrepentimiento. Ni la más leve asunción de responsabilidad. Ni un ápice de entereza para afrontar las consecuencias de sus actos. De momento, su estrategia es pedestre. Negarlo todo. Olvidar todo aquello que le perjudica. Descargar todas las culpas en su socio, Diego Torres. Y asegurar que él era un florero. Alguien que no intervenía en nada y al que le llovían regularmente unos ingresos por cuyo origen no preguntaba.

Poco le importa al duque que con esa actitud esté poniendo en problemas a su esposa, la infanta Cristina, a la que dice defender. Como muy bien le señaló el juez, si él es una mera figura decorativa, igual que su mujer, ¿por qué no se la llama también a ella a declarar? Es de suponer, además, que su socio responda a esa estrategia suicida aportando datos aún más comprometedores para Urdangarin y para la familia real. Nada de lo ocurrido sorprende, porque detrás de todos aquellos a quienes se les llena la boca con palabras como honor, dignidad, respetabilidad y comportamiento ejemplar suele esconderse alguien con pocos escrúpulos. La forma de actuar de Urdangarin, antes y ahora, deja claro que se trata de una persona sumamente ambiciosa y con escaso respeto a las normas, que muy probablemente habría actuado de la misma manera si la familia real no se hubiera cruzado nunca en su camino.

Y eso enlaza con otra de las lecciones que nos deja el aquelarre mallorquín al que venimos asistiendo. Si, como parece, el duque de Palma ha incurrido en delitos, deberá pagar por ello. Ni más ni menos que cualquier otro ciudadano. Pero quienes azuzan la ira de una sociedad lógicamente indignada, quienes casi invitan al lanzamiento de huevos y al escupitajo, solo consiguen convertir a Urdangarin en el símbolo y único responsable del fracaso de un modelo, ocultando la podredumbre que se esconde a su alrededor. ¿A qué viene esa insistencia en que se apoderó de fondos públicos y los desvió a fines espurios? Quienes entregaron dinero a manos llenas al yerno del rey sabían muy bien que eran ellos quienes estaban malversando el dinero público y que esos fondos no iban a tener ningún destino lícito. Y son tan responsables o más que el marido de la infanta. ¿Qué esperaban a cambio de ese despilfarro? Si Urdangarin ha podido lucrarse de manera tan descarada simplemente girando facturas por trabajos que nunca realizó, es porque la falta absoluta de controles lo permitía. Alguien más tendrá que pagar por las andanzas del duque.