Al menos ya no es un tabú. La fusión de ayuntamientos se ha instalado en el debate público y estuvo sobre la mesa en un reciente encuentro entre el presidente de la Xunta y el de los alcaldes gallegos. Está bien que la Federación de Municipios anuncie que va a realizar este año una radiografía de la situación de los 315 municipios. Es un paso, pero demasiado corto, si no va acompañado al menos de actuaciones concretas en la senda de la coordinación, que puede ser la puerta de entrada para otras decisiones más ambiciosas y absolutamente necesarias.
La crisis exige más que nunca una Administración ágil, bien dimensionada y eficaz. El primer requisito para la eficacia es la cercanía al ciudadano y los ayuntamientos son los organismos que están más cerca de la calle. Pero hay demasiados que padecen estructuras insuficientes, obsoletas y que, además, están endeudados porque apenas recaudan pero tienen que gastar.
Es imprescindible disponer de ayuntamientos fuertes, ágiles y con más competencias. Para conseguirlo, no quedará más remedio que reducir su número. Hay que hacerlo pronto, porque la situación exige con urgencia recortar gastos improductivos, gestionar mucho mejor lo poco que hay y hacer alardes de imaginación para buscar salidas del agujero en que estamos metidos.
Encargar un estudio puede ser una forma de dilatar la solución. Solo si se hace con rapidez y se acompaña de medidas inmediatas para corregir desequilibrios y duplicidades en beneficio de los vecinos puede conseguir un objetivo positivo: empezar a abrir grietas en el duro caparazón del localismo, tan enraizado entre nosotros.