La música de los maestros sindicales

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Dicen los eruditos de Haendel, que son muchos, que el maestro compuso su Mesías en 24 días. Cuentan de Beethoven que escribió su Coral estando sordo. Brahms tocaba en burdeles de Hamburgo; también se durmió en un concierto de Liszt y, desde entonces, dejaron de ser amigos. La vida de los maestros está llena de curiosidades. Y no entro en los dos más grandes, Mozart y Bach, porque el florilegio podría constituir un voluminoso anecdotario.

A los maestros se les perdona todo. En política no abundan los maestros músicos, por eso a algunos no se les perdona nada. Incluso más, contemplamos estos días un desfile sindical contra Feijoo y Rajoy. Un desfile preventivo, sin duda. No he visto nada igual en la reciente historia política. Los sindicatos aguardaron tres años de crisis y errores, de desidia y frivolidad, para convocarle una huelga a ZP. Tres años en los que el paro se desbordó y el disparate fue fuente de toda provisión política. A Rajoy y a Feijoo los llevan al cadalso sin aguardar efectos. Quizá los sindicatos consideren a Zapatero un colega, y por eso todo se lo perdonaron, y a Rajoy y Feijoo dos adversarios. Quizá.

A Rajoy no le han dado ni los cien días consuetudinarios de licencia. A Zapatero, siete años. No me extraña que la gente le dé la espalda a los sindicatos: más del 80 % de parados piensan que no los ayudan. No generan confianza porque se han comportado como acólitos del poder socialista. Y esto ha sido así en los veintiún años de Gobierno de González y Rodríguez (Zapatero). Conviene insistir: desde los ochenta, el PSOE ha gobernado 21 años; el PP, ocho. Lo escribo para que sepan que lo que ahora sufrimos, este paro inaudito en Europa, bebe más en la (falta de) responsabilidad de unos que en la de los otros.

No sé lo qué sucederá con la reforma laboral de Rajoy ni con las medidas de Feijoo, pero no es malo gobernar cuando el pueblo elige -por mayoría absoluta- que alguien los gobierne. Lo que sí es malo, y deleznable, es hacer política de oposición en la calle. Eso hicieron el PSOE y el BNG (el mismo BNG que a Zapatero le aprobaba los Presupuestos) durante los ocho años que gobernó el PP. Ahora, otra vez con ardor sindical, regresan a sus fueros. La música de los sindicatos no es la de los trabajadores. Es la música del PSOE y del BNG: sus únicos maestros.