Es mentira. Es mentira que el fuego purifique. El fuego solo quema los edificios, las tiendas, las cafeterías... Las llamas no entienden de votaciones. Ochenta mil personas salieron a las calles en Atenas. Veinte mil en Salónica. A todas las movía la misma rabia. Profesores que ven cómo su sueldo queda también reducido a cenizas. Y funcionarios que serán despedidos. 15.000 en un año. 150.000 en tres ejercicios. Pero ¿son los griegos más guerrilleros que países también intervenidos como Portugal o Irlanda? No. La diferencia es que el sacrificio es mayor. Y sobre todo que parece no tener final. Lo explica muy bien uno de los mejores escritores griegos, el autor de novela negra Petros Márkaris. El colapso sobreviene cuando los seres humanos intuimos que no hay futuro. Que se acabó. Ahí es cuando el bloqueo te lleva a las calles. Razona el escritor: «Grecia es un país pobre y ha sobrevivido a muchas crisis a lo largo de su historia, pero esta es la primera vez, incluida la guerra civil, que no vemos perspectiva de futuro. Esto es lo peor de la crisis, sabemos que sufriremos muchos, muchos años». Márkaris ha publicado una primera novela sobre la crisis y no pudo titularla mejor: «Con el agua al cuello».